Engines of Our Ingenuity

No. 910
EL CID Y ARISTÓTELES

de John H. Lienhard

Traducción de Pedro Gutierrez y Aymará Boggiano

Audio 910 en español

Episodio 910 en inglés

Hoy, una ciudad cae, y se siembran las semillas del método científico. La Facultad de Ingeniería de la Universidad de Houston y el Departamento de Estudios Hispánicos presentan esta serie sobre las máquinas que mueven nuestra civilización, y las personas cuyo ingenio las creó.

¿Recuerdan a Charlton Heston haciendo el papel de El Cid, el héroe español, liberando del poder musulmán la ciudad de Toledo en el 1085? Qué importa que el verdadero Cid fuera un bárbaro asesino y saqueador. Tampoco importa que ni siquiera se encontraba cerca de Toledo cuando cayó la ciudad. En realidad, el gobernador musulmán de Toledo abrió las puertas de la ciudad para que entraran los cristianos y así él poder escapar de sus enemigos.

Sin embargo, éste fue uno de los grandes momentos de la historia intelectual de occidente. Cuando los intelectuales cristianos, ya dentro de la ciudad, descubrieron las bibliotecas árabes, se dieron cuenta de lo poco que sabían con respecto a sus colegas musulmanes.

Durante cuatro siglos los árabes habían venido coleccionando los clásicos griegos. En el mundo cristiano las obras de Platón y Aristóteles sonaban como si fueran un tipo de eco distorsionado, pero gracias a esta recolección los europeos tuvieron acceso de primera mano a su propio legado y la agudeza de ese legado les dejó impresionados.

James Burke nos cuenta cómo los intelectuales árabes y judíos de Toledo guiaron en sus descubrimientos literarios a los turistas intelectuales que venían del norte. Estos visitantes se sentían como salvajes primitivos frente a la montaña de libros recién descubiertos.

Los trabajos de Aristóteles eran como un estuche lleno de herramientas lógicas que podrían llevarles a un impresionante conjunto de posibilidades. Re-descubrieron el silogismo: ese recurso milagroso que con dos afirmaciones genera una tercera. Por ejemplo:

La piel se moja con el sudor.
El sudor transpira por los poros.
Por lo tanto, la piel tiene poros.
Como por arte de magia hemos generado una tercera afirmación

El intelectual francés Pierre Abelard aprovechó la nueva lógica y convirtió las Sagradas Escrituras a la dialéctica aristotélica. “La indagación proviene de la duda”, dijo, “e indagando encontramos la verdad”. Y esto --nos recuerda Burke-- fue una revolución. Abelard estableció así las reglas de la indagación:

Use la duda-sistemática, cuestione todo.
Aprenda la diferencia entre demostración racional y persuasión.
Sea preciso en el uso de las palabras y exija precisión de los demás.
Corrija los errores, aún si se encuentran en la Biblia.

Tendrían que pasar quinientos años más antes de que la ciencia abiertamente reconociera esta nueva lógica aunque fuera disfrazada. Mientras tanto los teólogos siguieron intentando cabalgar las sacudidas eléctricas que la proposición de Abelard había desbocado.

Los abogados medievales fueron los primeros en armarse con esas nuevas herramientas. Alrededor de la mitad del siglo 13 la Iglesia finalmente reconoce a Aristóteles. Una vez dado así el permiso, Tomás de Aquino comenzó la construcción de una teología basada en la lógica aristotélica.

Y así nació una nueva declaración teológica. Ya no se acepta que: “el entendimiento provenga de la fe”, sino que: “la creencia proviene del entendimiento”... y como por arte de magia, nace la ciencia moderna en su más puro estado inicial.

Les habló Aymara Boggiano en otro episodio de “Las invenciones de la Inventiva” de John Lienhard, en la Universidad de Houston, donde nos interesa el funcionamiento de la mente inventiva.

(Tema musical)


Burke, J., The Day the Universe Changed, Boston: Little, Brown and Company, 1985, Chapter 2, "In the Light of the Above."

Referencias del traductor:

Biografía, obras de Aristóteles
Enlace

La Lógica Aristotélica
Enlace

El silogismo
Enlace

Aristóteles y Tomás de Aquino
Enlace

La filosofía de Sto. Tomás de Aquino
Enlace


The Engines of Our Ingenuity is Copyright © 1988-2011 by John H. Lienhard.