Engines of Our Ingenuity

No. 1819
CUATRO MUJERES EN LAS PLANICIES DE HEMPSTEAD

de John H. Lienhard

Traducción de Helena Talaya–Manso y Aymará Boggiano

Audio 1819 en español

Episodio 1819 en inglés

Hoy, cuatro mujeres gravitan hacia el cielo. La Facultad de Ingeniería de la Universidad de Houston y el Departamento de Estudios Hispanos presenta esta serie sobre las máquinas que mueven nuestra civilización, y las personas cuyo ingenio las creó.

En 1910 todos los nuevos artefactos voladores se encontraron en Long Island, a veinte millas al este de Manhattan. Las llanuras de Hempstead en el condado de Nassau eran un lugar ideal para el vuelo. Aeródromos y mástiles para dirigibles emergían por todas partes. Mas tarde, Lindbergh despegaría desde aquí camino a Francia, como también lo hizo Wrong–Way Corrigan quien le seguía la estela.

Ilustración de vuelos en las planicies de Hemstead. Cortesía del Museo de la Cuna de la aviación. (Cradle of Aviation Museum.)

También los hermanos Wright, acabando de regresar de su viaje triunfal por Europa instalaron aquí su taller. Así como lo hizo su fiero competidor Glenn Curtiss. Un libro reciente sobre las llanuras de Hempstead llama a esta tierra La Cuna de la aviación.

Cuatro mujeres llegaron a los campos de aviación del condado de Nassau, entre 1910 y 1911: primero Blanche Scott y Bessica Raiche, después Matilde Moissant y Harriet Quimby. La historiadora Eileen Lebow cuenta la historia de todas ellas:

A los diecinueve años Scott había conducido en auto a una periodista en un viaje de más de 6.000 millas dando vueltas por toda América, –una treta publicitaria de la compañía Willis. Glenn Curtiss la premió con un vuelo en aeroplano y tanto le gustó a ella que lo persiguió hasta que consiguió que la enseñara a volar.


Afiche que anuncia demostraciones y carreras aéreas en Hempstead. Objeto de la colección del Museo Smithsoniano Nacional del Aire y el Espacio

Curtiss sólo le permitió rodar por la pista con un regulador de velocidad, pero en septiembre de 1910 una ráfaga de viento hizo que levantara vuelo. Scott dio una vuelta y aterrizó, convirtiéndose así en la primera mujer norteamericana en volar.


Besica Raiche la primera norte americana en
pilotar un avión. Fotografía cortesía del
Cradle of Aviation Museum
Bessica Raiche por otro lado, era una doctora casada de 34 años. Ella y su esposo construyeron su propio aeroplano Curtiss y ella hizo en él su primer vuelo sola pocos días después de Scott. Pero a pesar de compartir el honor de ser la primera norteamericana en volar, dejó el oficio y se mudó a California. En 1923 fue presidenta de la Asociación de Médicos del condado de Orange.

Por su parte, Scott se convirtió en una aviadora famosa. Sobrevivió milagrosamente sus seis años de vuelo acrobático y le gustaba presumir de que tenía 42 huesos remendados para probarlo.


Harriet Quimby la primera en obtener una licencia de piloto.
Fotografia cortesía del Cradle of Aviation Museum
La mayor de las cuatro, Harriet Quimby era escritora para la revista Leslie’s Ilustrated Weekley. Su amiga Moissant era hermana de un importante pionero fabricante de aeroplanos, y ambas aprendieron a volar aviones Moissant. Harriet Quimby es famosa no sólo por su estilo y su vibrante personalidad sino por ser la primera mujer que sobrevoló el Canal de la Mancha y por sufrir una caída durante una demostración de vuelo en Boston que le costó la vida.

Moisant, que había perdido a su hermano en otra demostración de vuelo en Louisiana, acabó dejando la aviación y vivió hasta los 85 años. Pero de las cuatro, la mejor fue probablemente Blanche Scott, se presentaba como La marimacho del aire, o “The Flying Tomboy” hacía extraordinarias hazañas por pura osadía. Volaba en Boston junto a Quimby el día que ésta murió. Scott apenas pudo aterrizar después del incidente debido a la muchedumbre que se agolpaba sobre la pista.

Pero sobrevivió y en 1948 el gran piloto de pruebas Chuck Yeager la llevó con él a volar un nuevo avión de propulsión, poco después que él hubiera roto la barrera del sonido en uno de ellos. Así, Blanche Scott, la primera mujer norteamericana en volar un aeroplano, fue también la primera en hacerlo en un jet. ¡Imagínense! Es un asombroso ejemplo de la extraordinaria rapidez con que el mundo de la aviación alcanzó su mayoría de edad.

Les habló Aymará Boggiano en otro episodio de Invenciones de la Inventiva, de John Lienhard en la Universidad de Houston, donde nos interesa el proceso de la mente inventiva.

(Tema musical)


G. C. Dade and F. Strnad, Picture History of Aviation on Long Island: 1908-1938. New York: Dover Publications, Inc., 1989.

E. F. Lebow, Before Amelia. Washington, D.C.: Brassey's Inc., 2002, Chapters 7, 8, and 9.

For more on early women fliers, see: J. H. Lienhard, Inventing Modern: Growing up with X-Rays, Skyscrapers, and Tailfins. New York: Oxford University Press, August, 2003, Chapter 10.

Para unas excelentes imágenes de Blanch Scott, véase:
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Para imágenes de Harriet Quimby y Matilde Moisant:
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Y de Bessica Raiche:
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Notas de la Traducción
Página en español sobre Mujeres en la aviación, aunque no está específicamente dedicada a las mujeres piloto de este episodio:
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Quimby mounting her Moissant monoplane
Harriet Quimby montando su monoplano Moisant
( De The American Review of Reviews, 1911.)

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